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Susana Cáceres con su equipo directivo de la Consultora Internal

El camino de Internal hacia la agilidad

Cerrando el 2021 en Internal nos sentamos a reflexionar y pensar en nuestros próximos pasos de cara a los desafíos que el nuevo año nos traería y a proyectar también nuestro crecimiento en el tiempo. Esas largas conversaciones nos llevaron a tomar la importante determinación de atrevernos a cambiar y de aventurarnos en un nuevo desafío, incorporar la agilidad en nuestro trabajo.

Nuestra primera pregunta fue: ¿Cómo lo hacemos?, en un equipo con un estilo de trabajo y una cultura consolidada a lo largo de varios años. Las cosas ya se hacían bien, entonces, ¿por qué cambiar?, ¿por qué hacer algo diferente si sentimos que funciona? . Estos cuestionamientos nos hicieron ir un paso más atrás y entender cuál era el propósito al momento de adoptar nuevas formas de trabajo.

Agilidad con propósito

Lo nuestro no era adentrarnos en la agilidad por moda o solamente por ponernos al día con las tendencias del mercado. No perseguíamos un objetivo en el uso exclusivo de una metodología, sino en lo que podíamos y queríamos lograr con eso: tener un equipo con mayor adaptabilidad a los cambios, más alineado con la organización y conectado entre sí.

Por otro lado, no podíamos perder de vista nuestro negocio, necesitábamos seguir mejorando en la satisfacción de nuestros clientes y aumentar la calidad de nuestros productos. Para nosotros fue clave, entender que parte de hacer las cosas bien, es ser capaces de darnos cuenta de que se puede​​n hacer mejor. Por eso, al tener más claro en qué teníamos que avanzar y qué queríamos lograr, visualizamos la agilidad como un aliado importante para impulsar esta nueva etapa de crecimiento en la agencia.

Con un propósito definido, pudimos encaminar de mejor manera el desafío, comunicarlo e ir comprometiendo a un equipo, que sabíamos no iba a cambiar porque sí. Así pudimos regresar a la primera pregunta: ¿Cómo lo hacemos? Entre diversos marcos de trabajo, cuál era el que mejor se acomodaba a nuestra cultura, a nuestros procesos y  a los productos que desarrollamos.

Tras ese análisis nos encontramos que no había ningún framework que por si solo respondiera a todas las necesidades particulares del equipo y del negocio. Cambiar de un momento a otro toda nuestra forma de trabajar iba a ser un remezón demasiado grande para el equipo y también para el servicio con nuestros clientes.

¿Cómo lo hicimos entonces?

Decidimos comenzar de a poco, implementando algunas prácticas ágiles, piloteando e incorporando de forma orgánica en los equipos, elementos que desde la práctica habitual nos ayudarían a ir construyendo en el tiempo un mindset y una cultura más ágil.

De esta manera fuimos integrando a nuestro trabajo diferentes prácticas:

  • Daily.
  • Retrospectivas.
  • Gestión visual de nuestros flujos de trabajo.
  • Autonomía en todos los roles dentro de la agencia.

Al mismo tiempo nos dimos cuenta que haciendo pocos cambios podíamos generar una estructura que respondiera de mejor manera a las exigencias del mercado de hoy, hiciera eficaz nuestro modelo de negocio y permitiera además mayor desarrollo y posibilidades de crecimiento al equipo; así decidimos hacer nuestra adaptación al modelo Agile de Spotify.

Diseñamos una estructura flexible y con mayor proyección, que integró nuestros antiguos equipos destinados al trabajo con una cuenta, en tribus de mayor envergadura, con la posibilidad de potenciar el talento y la colaboración cruzada, compartir conocimiento y agregar más valor a lo que hacemos; siempre con el foco en nuestros clientes.

¿Cómo nos fue?

Todo este camino ha sido un verdadero proceso de aprendizaje, que como cualquier aprendizaje al principio es más difícil y más lento. Eso mismo nos significó asumir como agencia los costos y beneficios de querer llevar a cabo estos cambios, entendiendo que el impacto de estos últimos, era superior y sostenible en el tiempo.

De esta manera fueron fundamentales en un comienzo, el acompañamiento, la escucha permanente y el poder entre todos comprender el propósito, el uso y los beneficios de cada una de las prácticas que estábamos llevando a cabo. Eso fue clave para desarrollar un equipo comprometido, que pudiera cuadrase con los cambios y ayudarnos a avanzar.

Así paulatinamente fuimos integrando y sintiendo natural en nuestro día a día estas nuevas herramientas, al paso de poder ver de forma patente los resultados y beneficios de estos cambios, que hoy en día son mucho más claros.

Seguimos viviendo el cambio y continuamos aprendiendo, con un equipo que ya se encuentra mucho más suelto, con mayor dominio de diferentes herramientas y en algunos casos con la capacidad de cuestionar, e incluso proponer e innovar.

¿Cuáles son nuestros logros?

  • Más conexión y alineamiento: Tenemos un equipo más comprometido con los objetivos del negocio, con claridad del aporte que hace desde su rol y de cómo la colaboración con otras personas y otros equipos, nos ayuda a alcanzar nuestros objetivos. Contamos con un equipo mucho más alineado a toda la gestión de la organización.
  • Mayor capacidad de aprendizaje: Instalar la reflexión como un continuo, a través de herramientas como las retrospectivas para encontrar oportunidades de mejora en nuestro trabajo. Esto ha promovido un espíritu de análisis, cuestionamiento y proactividad que cada vez es más contagioso; eso nos hace ser cada vez menos estáticos y estar en un continuo movimiento y crecimiento.
  • Equipo más autónomo y empoderado: Hacer una relectura de nuestros roles, entregar más confianza al equipo y dar el espacio para tener mayor autonomía. Esto nos permite contar con equipos más empoderados, cada vez menos pendientes de recibir la instrucción y más abocados a ser responsables por sí mismos. Hacemos flujos más efectivos, eliminamos las revisiones excesivas y permitimos que los cargos de liderazgo puedan tomar mayor visión y dedicar más tiempo a la gestión, por sobre la supervisión.
  • Entregas de mayor valor: El poder instalar de forma gradual la importancia y la necesidad de integrar la mirada de cliente en diferentes etapas de nuestros diversos proceso a través de entregas continuas. Esto nos ha permitido llegar a resultados de mayor valor, más ajustados a sus necesidades y con el beneficio mutuo de incurrir en menor retrabajo.

¿Qué aprendimos?

Aún nos queda camino por recorrer, por experimentar, por nutrirnos de aciertos y errores, pero lo cierto es que nos encontramos siendo un equipo con ganas de hacer que las cosas pasen, con mayor apertura y no solamente esperando los cambios, sino que impulsándolos y siendo protagonistas de nuestro crecimiento.

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